— Fernando Jauregui:
Este es un artículo en relación con mi último libro, ‘Quemados’, una metáfora que tiene mucho que ver con el incendio que sufrí este verano en mi casa de Tres Cantos, que fue una parte de los incendios que devoraron casi el uno por ciento del país dejando, se calcula, cincuenta mil afectados.

¿Estamos preparados para afrontar nuevas catástrofes?
El libro surgió de la rabia y la impotencia ante la escasa empatía que a nuestros representantes les merecen las desgracias que les ocurren a los ciudadanos, y estoy ahora en fase de presentaciones con actos diversos. Pero son actos no tanto como esos lanzamientos de obras al uso para hablar ‘umbralianamente’ de ‘mi libro’, cuanto para promover un debate acerca de cómo funciona el país.
Una cuestión acerca de la que pretendo crear algo parecido a una asociación cívica con una primera base en mi ciudad, Tres Cantos, y la posibilidad de irla extendiendo paulatinamente: ¿estamos seguros de que lo que vivimos el verano pasado ha servido para algo y no se repetirá?¿Se están tomando las medidas pertinentes? ¿Se han facilitado ayudas suficientes a los afectados? ¿Qué falló con los incendios, con la dana en Valencia, con el volcán en La Palma o con los trenes en Adamuz? O, ya que estamos, ¿qué fue exactamente lo que falló con el apagón generalizado de hace un año, una catástrofe cuyas causas (lo mismo que, por ejemplo, las del incendio en mi ciudad) aún no conocemos?
—La extrema derecha, ¿los nuevos indignados?—
Claro que no se trata de hacer nada parecido a un partido ni cosa semejante; ni siquiera de hacer ‘política’ en el más convencional y quizá peor sentido del término. Esto es periodismo en el fondo y en la forma. Quisiera más bien estructurar, con toda la modestia de mis posibilidades, algo así, ya digo, como una iniciativa de la sociedad civil, que al menos en Tres Cantos está encontrando bastante apoyo, como me gustaría que lo encontrase en otros puntos de España, ahora que estamos viviendo en la era del Cambio y los cambios. En este sentido, sí quisiera que ‘Quemados’ , ya que lo he escrito, actuase como una especie de manifiesto de reivindicación ciudadana: ¿vamos a pasar de ‘quemados’ a ‘indignados’, como ocurrió hace exactamente quince años? Y ahora ¿quién reivindicaría la indignación? ¿La extrema derecha?¿Cómo dejamos de estar ‘quemados’?

—Hemos escuchado demasiados lamentos—
Es, como en el caso de la Comunidad Valenciana, en los puntos más sometidos a incendios y/o a cualquier otra catástrofe en los que me gustaría fijarme para esta tarea reivindicativa; no pretendo ir contra nadie, pero sí llamar la atención de nuestros responsables, del color que sean, nacionales, autonómicos, locales. Francamente, lo he pasado –lo estoy pasando—muy mal con el incendio de mi casa, he escuchado demasiados lamentos de otras gentes afectadas, como para encogerme de hombros: lo hemos visto con el volcán en La Palma, con la riada en Valencia, con los incendios. O, incluso, aunque esto último se ha gestionado mejor, con Adamuz. ¿Cómo no dar un toque de atención?. Nuestros representantes en el Gobierno central, en los gobiernos autonómicos, en los ayuntamientos, han de procurar mayor empatía al individuo y al ciudadano como colectivo, en lugar de pelotearse las culpas. Y, desde luego, hablo, claro, en general, mostrar mayor eficacia.
Creo que en esta tarea merece la pena gastar mis últimas energías profesionales: nos deben gobernar de otra forma y pienso que los periodistas, los afectados, los ciudadanos en general, debemos decirlo, aprovechando que entramos en un período intensamente electoral. Que para algo más que para colocara algunos en las poltronas servirán las elecciones, digo yo.
— Fernando Jauregui






